Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


jueves, 9 de diciembre de 2010

El poder de la escucha (para el que es escuchado)


El silencio es el marco que mejor resalta lo que quiera que se tenga que
decir o pensar.


"El silencio es terapéutico"
Ofrece el marco necesario para que
podamos escucharnos a nosotros mismos, para poder escuchar a otros y ser
escuchados por otros. Tres actividades necesarias e imprescindibles en todo
proceso de maduración personal.


Si el ruido exterior es demasiado grande o continuado, puede obligarnos a un
silencio personal aniquilador. Pero si el silencio es suficiente y se cuenta con
alguien que nos preste una escucha activa, nuestra palabra interna, al salir al
exterior y entrar en contacto con la realidad,con lo abstracto y consigo misma,
activa sus potencias al máximo cuando explicándose para otro logra
explicarse a sí misma.


Recuerdo como, hace ya muchos años, un amigo se empeñaba en
explicarme sus elucubraciones matemáticas de las que yo no entendía
nada, pero ante la imposibilidad de escapar, le escuchaba resignado. Mi sorpresa
era cuando me daba las gracias por lo mucho que le había ayudado.


Más tarde tuve ocasión de darme cuenta de cómo el
explicar un asunto a otra persona, me facilitaba a mi mismo una mayor
profundización en el asunto en cuestión.


En mi formación de postgrado (no había másteres
entonces) descubrí como Carl Rogers hacía de la escucha activa una
de las herramientas fundamentales de su psicoterapia.


No es fácil la escucha activa, requiere práctica y sobre todo
interés verdadero y respeto. La técnica sola puede ser frustrante…
me decía un paciente que dejó a su anterior terapeuta porque asentía
cuando él estaba en silencio emitiendo breves "aja" fuera de
contexto, algo que le irritaba profundamente. Otro paciente en éste mismo
sentido me comentaba… "si cuando estoy haciendo el esfuerzo de contar
algo muy íntimo, veo que la otra persona se distrae o no le interesa, me
cierro, me callo. Me ofende".


Para la expresión es necesaria la presencia del otro, aunque sea
diferida en el tiempo como la presupone el escritor o el pintor. Nos podemos
expresar para nosotros mismos, pero cuando realmente toma sentido esa expresión
es cuando se convierte en comunicación con otro ser y vehiculiza la
propia existencia.


Un ser humano, solo, es un ser incompleto. Si esto no es leído, le
sirve a mi reflexión y nada más. Tendrá otro valor si un
lector se identifica o lo refuta con otro pensamiento que nos enriquezca a ambos
o al menos a uno de los dos.


La necesidad del otro está en nuestra propia naturaleza, no sólo
en la aportación al 50 % de los gametos iniciales de la vida, en el
crecimiento en una familia, en nuestra pertenencia social. Es algo intercultural
e interracial, de occidente a oriente, desde el inescrutable "Uno, Divino y
Trino" hasta el Yin y el Yang.


Ser escuchados es necesario no sólo para la propia afirmación,
sino también para que se produzca el proceso de crecimiento interior. El
genuino interés, la valoración, la aceptación, la empatía,
la confianza, nos abonan como miembros valiosos del grupo y si somos valiosos
para el grupo, ese grupo que nos quiere, nos otorga un valor, un lugar y una
función dentro de él, nos integra y nos permite sentir
pertenencia, le da sentido a la existencia… "al menos soy…".


La escucha del otro apoya nuestro valor, sustenta nuestro raciocinio,
valida nuestro sentimiento, anima nuestro verbo y nuestra reflexión,
facilita la intuición, nos completa como especie gregaria, espanta
nuestros miedos, da cobijo a nuestras necesidades, es refugio desde el que
explorar el mundo, puerto de amarre de navegaciones neuronales, límite
almenado de castillos fantasiosos, imaginaria protección de nuestros
temidos errores. Relaja el sentimiento de amenaza, facilita el descanso y la
aceptación.


La escucha es como un registro civil sonoro

Si alguien te escucha existes, de lo contrario todavía estas en el Limbo.


Los psicólogos hace años trabajamos con la escucha activa
ayudando a las personas a recuperarse de sus problemas, a encontrar nuevas
soluciones, nuevos caminos.


Para ilustrar los efectos de la escucha activa, contaré brevemente el caso de una mujer, de cuyo nombre ni quiero ni puedo acordarme, que acudió a consulta acompañada por su marido. Él contaba que ya habían ido a todas partes y a los más caros y prestigiosos profesionales, pero que ella seguía sumida en una depresión con esporádicos ataques de ira. Mientras el marido me describía la situación, ella
no hablaba. Se sorprendió mucho el marido cuando quise escucharla a solas; ella también.


Nunca, ni los más afamados profesionales le habían preguntado su opinión, la sola descripción de la familia, de cómo gritaba, tiraba las cosas y se sumía en un estado depresivo, era suficiente para diagnosticarle depresión agresiva y medicarla
adecuadamente. Tal vez chocaron con su aparente mutismo, mutismo que desaparecía
en la seguridad del espacio de su consulta individual.


Aquella mujer no sabía lo que le pasaba. Su mundo era el que había sido siempre, aceptando las directrices de su madre a la que nunca le mostró desacuerdo, comportándose como la sumisa y agradecida esposa que se suponía que tenía que ser.


Ella como persona no existía para nadie. Sentía algo extraño a lo que no sabía poner nombre y se daba cuenta de sus explosiones de ira y sus estados depresivos, pero seguía sin saber que le pasaba.


Conforme la escuchaba y acompañaba, fue desgranando su vida, sentimientos, frustraciones, desesperación, el ninguneo sentido, la castración por su familia, sus problemas de infancia y de adolescencia. Localizó dos puntos de arranque para su trabajo…, tiró y tiró de sus hilos, los que la llevaban a ella misma, se rebeló contra todo lo que la rodeaba. Su familia se quejó de que iba a peor, pues nunca se les había enfrentado y ahora lo estaba haciendo, querían que dejase la terapia, pero ella no quiso. La dejó cuando reposicionó todas sus relaciones familiares y se dio a sí misma un nuevo lugar.


Su propia escucha, facilitada por la de otro, llevo a esta mujer a acoger,
defender y salvar a la adolescente que llevaba dentro y de su auto cuidado salió
más fortalecida y más libre.


Alguien la escucho de verdad y eso le ayudó a sentir su propio valor.


Durante el mes de Diciembre del 2010

Angel Marín Tejero
Psicólogo-Terapeuta
Nº Colegiado M-03258
Teléf. 609005518 - Madrid (España

martes, 5 de octubre de 2010

¿Cuánto dura una terapia?

Nunca he sabido responder a esta pregunta, ya que cada persona y cada proceso terapéutico son distintos, pero recientemente y gracias a un recuento de una muestra de 414 casos tratados entre 1995 y 2009, puedo decir que entre las 68 personas que sólo acudieron a la primera cita y la persona que acudió a 235 sesiones ( aprox. 6 años), cifras que hasta el 2009 suponen los extremos de mis terapias concluidas, hay una media de 15 sesiones por persona, media que recoge los extremos.

El rango del número de sesiones usadas es de entre 1 a 235 y su media de 46, pero si de éste rango descartamos como menos significativas las inferiores a 5 sesiones y las superiores a 100 sesiones, la media de sesiones baja a 36.

De estas dos cifras, 15 ó 36, obtenida la primera considerando el número de personas atendidas y la segunda el número de sesiones usadas, con independencia de cuantas personas las usasen obtendríamos una media sui géneris de 25 sesiones por terapia lo que implica unos 6 meses, cifra que puede ayudar a calmar la ansiedad que subyace a la pregunta inicial.

Pero de ningún modo puedo afirmar que esto vaya a ser así en todos los casos.

La estadística habla de generalidades y no de particularidades, y cada vez que parece que responde a una pregunta, lo que realmente está haciendo es abrir otras como ¿por qué hay personas que sólo acuden a la primera cita? ¿por qué hay personas que pueden necesitar 235 sesiones de terapia? ¿las personas que hacen 15 sesiones completan su terapia? ¿qué sucede en los procesos cortos? ¿y en los largos? ¿cómo son las dinámicas internas de las terapias cortas? ¿y de las largas? ¿influye la actitud y el comportamiento del psicólogo en que las terapias duren más o menos?...

En Madrid, durante el mes de Octubre de 2010.