Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


lunes, 29 de abril de 2013

El Síndrome del Ama de Casa


El Síndrome del Ama de Casa (SAC) es el conjunto de síntomas que se manifiestan en las personas sobre las que recae, sin quererlo o queriéndolo, la mayoría de las llamados trabajos del hogar. Síntomas como frustración, ansiedad, obsesiones (TOC), depresión, desmotivación, etc.

Siempre ha habido amas de casa, y digo amas  porque mayoritariamente han sido ellas las que se ocuparon y se ocupan de las tareas domésticas, satisfechas e insatisfechas con ese rol culturalmente asignado.

Mientras las insatisfechas fueron minoría, a nadie se le ocurrió que pudiera haber tal cosa como el SAC. Hoy hay culturas entre nosotros, llegadas con la inmigración, a las que no se les ocurre pensar en tal cosa.

Las causas de la asignación de tal rol, ama de casa o de la cueva, devienen de nuestro pasado como cazadores recolectores y de la división sexual del trabajo, apoyadas con las muchas justificaciones que se han dado a lo largo de la historia para imponer por parte de la sociedad este estado de las cosas  y que se integrasen en el orden psicológico de las personas...

¿Cuando aparece el SAC?  Primero la revolución industrial y más tarde los medios de comunicación alertan de que “otros roles son posibles” para la mujer, de que la división del trabajo puede cambiar, es entonces cuando tal vez la mirada de la mujer sobre sí misma se torna crítica con su quehacer hogareño, el momento de empezar a soñar con otras cosas que suceden más allá de las cuatro paredes de su hogar que ahora parece mutar de su territorio a su prisión.

Cuando la mujer descubre que quiere y puede ser otra cosa diferente a la de ser ama de casa, y se ve atrapada por las expectativas sociales y por sus propias limitaciones personales o de formación, puede surgir el SAC.

Cuando empiece a sentirse mal y no sepa a qué se deben esos síntomas aparentemente tan físicos, empezará su peregrinación médica y acabará presumiendo de achaques con tal de destacar en algo a los ojos de los demás, ya que como ama de casa se ha tornado tan invisible como lo que tenemos todos los días delante de los ojos todos los días.

Los humanos somos seres gregarios y el “qué pensarán”  los otros, tiene valor para la pertenencia al grupo y a la integración protectora. Esta característica humana la aprovechan muy bien las empresas de marketing, por ejemplo, los productos de limpieza vienen a decirles a las mujeres, a las que asignan el rol de limpiadora “limpia con mi producto y no seas tan guarra como tu vecina que limpia con productos de mi competencia”. O “mira, esta es la ropa que te tienes que poner para triunfar”.

Antes de las mujeres solo se esperaba que se comportase como una buena esposa y madre, podría no gustarle, pero era fácil de entender. Ahora el bombardeo es constante, además de tener la casa lustrada con los últimos productos de moda en limpieza, ellas mismas han de estar lustradas en sus maquillajes y atuendos para dar el perfil social esperado; dependiendo de la clase social les es exigible o no una carrera, pero siempre acaban asumiendo la demanda de “estar buenas”, será porque a todo el mundo le gusta ser deseable…

Si desean tener un trabajo remunerado fuera de casa, la cosa se complica, porque no es fácil deshacerse de la expectativa de los demás de que se haga cargo de la casa. La cosa se ablanda si consigue ganar más que su pareja, lo que no es frecuente.

Recuerdo una secretaria de Dirección que después de su larga jornada laboral, y de haber llevado a los niños al colegio, cuando llegaba a casa tenía que preparar la cena y la comida del día siguiente, y después “hacer la casa”, con lo que se acostaba a las 2h. y se levantaba a las 7h. asumiendo que esto era lo que le correspondía y que era natural que su marido no se metiese en sus tareas. El problema era que darse cuenta de su mundo podría traer a la conciencia la necesidad de efectuar cambios, y eso si que le asustaba…

Este conflicto, esta tensión entre lo que quiere ser y lo que se espera de ella, le lleva al SAC, que no depende de estar en casa, sino de las condiciones en las que se desea estar o no en casa.

En las trabajadoras de hogar internas, que yo sepa, no se da éste síndrome, ya que además de un reconocimiento tangible mediante un salario,  es un trabajo que se puede abandonar. Cuando el hogar es el tuyo, aunque te imagines que te gustaría vivirlo de otra forma, abandonarlo no es tan fácil.

Y para terminar, prueba de que el trabajo doméstico vale la mitad del que realiza el marido, es que la pensión de viudedad vale aproximadamente la mitad que la pensión del marido. Si la mujer hubiera cotizado por su propio trabajo tendría su propia pensión entera y no tendría que sobrevivir ni necesitar las migajas de la de su difunto marido. Ya sé que el contraargumento es que el marido cotizó por los dos, pero eso me sugiere la pregunta de por quién cotizan entonces los solteros… ya, ya sé que el tema no es fácil, solo quería prevenir contra simplificaciones demagógicas.

Aunque es muy coloquial hablar de síndromes, para mí no hay síndromes, existen personas con sus problemáticas particulares.


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