Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


miércoles, 18 de marzo de 2015

Metáfora: La crítica como norte

Era una urbanización preciosa a las afueras de Madrid, con zonas comunes ajardinadas y parques infantiles a la que llegó, como tantas otras veces llegaba, el camión de la mudanza de unos nuevos vecinos.

Eran estos tres hermanas que tras muchos años de sacrificios y aprovechando una herencia reciente, decidieron darse el lujo de vivir en una casa como la que habían soñado. Una casa con chimenea en el salón, con una amplia cocina independiente, un despacho librería, habitaciones con baño, terraza trasera, un jardincito delantero y un garaje con acceso directo a la casa. Ellas, que siempre habían vivido en un pisito, sabían que de no haber sido por la repentina herencia de un tío-abuelo, hermano de su madre, difícilmente habrían podido cumplir su sueño.

Sus vecinos más próximos, una comercial de lencería y un profesor de Filosofía sin hijos, vieron su llegada y prudentemente esperaron a que se acoplaran para darles la bienvenida e invitarles a una cena en su casa.

Llegado el día de la cena, ambos anfitriones se esforzaron porque todo estuviese perfecto para causarles una buena impresión, querían caer bien a quienes el destino había asignado como vecinos, con los que sí o sí habían de convivir, de modo que buscaron que todo fuese lo más agradable posible. Buscaron los mejores productos en el mercado, tanto para el caldo de verduras que haría de entrante como para el asado de ternera que sería el plato principal y como postre se trabajaron una mus de chocolate. Eligieron unos fermentados de Rioja más que aceptables y dejaron el café listo para preparar en el último momento por si a sus invitados les apetecía. Habían previsto enseñarles la casa si se adelantaba, para ir haciendo tiempo. Se vistieron especialmente, como para asistir a una cena de gala, y esperaron a sus invitadas.

Llegada la hora convenida, las invitadas comenzaron a retrasarse… ¿Se les habrá olvidado?, se preguntaban, y se preocupaban porque la cena podría quedarse fría… Cuando ya pasaban quince minutos de la hora, decidieron poner la carne bajo las lámparas de calor y tener el caldo preparado para recalentarlo en el microondas.

Por fin, cuarenta y cinco minutos después de la hora acordada, aparecieron las tres hermanas en chándal, dos de ellas enfundadas en sendas batas.

Dado que el punto de la comida ya se había perdido, y para romper el hielo, empezaron por enseñarles la casa, haciendo comentarios de cómo la habían montado poco a poco y de cómo cada uno había aportado ideas a su gusto, tratando de armonizarlas a las del otro para formar un ambiente que resultase agradable para los dos.

Ya en la cena, deliciosa pese al recalentado, los anfitriones comentaron sobre como habían llegado a vivir en la urbanización después de haber pasado por diferentes casas, mejorando poco a poco conforme cambiaba su situación económica.

Sus invitadas también comentaron como gracias a su trabajo habían llegado a ésta comunidad, pero habían visto algunas cosas, como la composición de los jardines, que a todas luces estaba equivocada… Definitivamente tendrían que entrar en la Junta de la Comunidad para poner remedio a los despropósitos que ya habían encontrado. No les pareció bien la insuficiente iluminación de las calles ni la falta de respeto de los guardias y los conserjes, que no las habían saludado como esperaban. Tampoco estaban dispuestas a tolerar la ineficacia en el mantenimiento y limpieza de las calles.

-          Esto es lo que hemos visto entre ayer y hoy pero cuando dirijamos la Comunidad, seguramente veremos más cosas mejorables. Nosotras siempre hemos revalorizado todas las comunidades por las que hemos pasado.

Los anfitriones quisieron cambiar de tema y se interesaron por sus actividades laborales y por sus hobbies… Como vieran sus evasivas, decidieron contar un poco de sí mismos y de cómo les gustaba lo que hacían, la libertad de la que disponían a la hora de organizar tanto sus clases como sus visitas a los clientes.

Asomando el crepúsculo, las invitadas, sin agradecer la cena y sin querer hacer sobremesa, dieron por zanjada la cena sin plantear una reciproca.

Los anfitriones quedaron preocupados y pesarosos porque pensaban que tal vez no habían conseguido darles la calurosa acogida que ellos habían deseado, a juzgar por su rápida retirada… o quizás ellas tienen la costumbre de retirarse pronto. Pensaron.

En el corto trayecto hacia su casa las hermanas iban bufando…

-          ¡Fuuu! ¡Fuuu!...

Ya dentro de su nueva casa, con sus viejos muebles a medio desembalar y sus paredes por pintar, empezaron a jalearse las unas a las otras…

- ¿Habéis visto estos burgueses tan emperifollados para una simple cena de un calducho y una carne recalentada?… ¡Que manera de pasarnos por las narices su casita de muñecas con tanto cuadro raro! ¡Abstractos dicen! Seguro que lo han comprado en algún bazar extraño…

- Comercial de lencería... ¡a saber si no tiene que hacer el pase de modelitos delante de los clientes!

- ¿Y el marido?… profesor de Filosofía… ¡un cornudo consentido, eso es lo que es!, porque si no, ¿de qué van a ganar para tener la casa como si fuera un decorado de película?

- ¿Y las prisas que se han dado para pasarnos por las narices la cubertería que seguramente será heredada de alguna abuela? ¡Porque esas piezas tan antiguas ya no se ven por el mundo!…

- ¿Esos cortinones tan gordos que no dejan pasar la luz?, ¡con lo bien que quedan unos visillitos como los nuestros!…

- Mira que estar orgullosos de esa decoración, ¡tienen un gusto horrible!…  esa habitación llena de libros…  es como si quisieran impresionar, ¡como para decir lo listos que son!…

- Y está claro que si les va bien es por la lencería y por lo que hay detrás de la lencería…

- ¿Os habéis fijado en el perro de cerámica?, seguro que es por no darle de comer. ¡Aunque mejor!, porque una de las primeras cosas que hay que hacer es limitar la tenencia de mascotas en esta urbanización.


- Menos mal que hemos llegado nosotras, porque si no, no sé qué sería de esta gente, ¡con la cantidad de cosas que tienen que mejorar!