Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


martes, 25 de agosto de 2015

La defensa psicológica inmotivada (agorafobia y otras fobias)

Me lo ilustro a mi mismo con la reacción que tuve al tocar accidentalmente una plancha que estaba en posición de trabajo. Fue literalmente un salto, tan rápido, que el calor, de haber estado enchufada, no podría haber llegado a mi piel, pues se necesita un tiempo mínimo de contacto, pero la reacción, la conducta de huida estaba culminada mucho antes de que supiera de que huía.

La respuesta nerviosa debió de darse al nivel de la metámera correspondiente. Solo después de iniciado el movimiento, debió de llegar la señal propioceptiva al SNC. No fue una respuesta al calor de la plancha, fue una respuesta a la experiencia previa en un entorno similar, que no igual.

Seligman nos dejó el concepto de indefensión aprendida, que se da cuando no se huye del estímulo aversivo porque se ha aprendido que la huida es imposible. Pero también podríamos hablar de la “defensa inmotivada” que se da cuando se responde a sensaciones o señales que interpretamos como el preludio de un desenlace fatal.

Me angustio (respuesta) porque me veo, anticipo, una situación en la que no voy a ser capaz de hacerme cargo de mi mismo y trato de poner a mi alcance toda la ayuda posible. Esto está claro en la agorafobia.

En la agorafobia la respuesta a todos los supuestos miedos es subcortical, se responde desde el diencéfalo, la señal parece no llegar a los lóbulos frontales, no se elabora la alarma emocional, tan solo se confirma la urgencia de la supervivencia mediante un rebote de la información en el neo cortex, tan rápido, que impide la conciencia. Después solo se recuerdan las sensaciones físicas que nos han hecho creer que íbamos a morir.

Para recordar es necesaria la emoción, y en estas circunstancias la hay en abundancia, pero si se pregunta por detalles sobre la situación, sobre las emociones acompañantes (aparte de los síntomas) en la que se produjo la huida, apenas se recordarán, porque no hubo tiempo para caer en la cuenta del entorno y nuestra propia situación con respecto a él. Lo urgente era huir.

Pero no solo se da la defensa inmotivada en la agorafobia, cuando tienes fobia social, también estás haciendo una defensa inmotivada. Lo que te ocurrió antes no tiene porque volver a ocurrirte, pero te estás defendiendo de las tragedias que tu mente esta anticipando.

Cuando estás en pánico, o lloras sin saber porque, o tienes miedo de hacer algo solo, si consideramos que no hay un estímulo físico, cuesta entenderlo, pero si consideramos que el estímulo viene de la experiencia, de la rememoración o de la suposición de una posible vivencia, que son formas que tenemos los humanos de ampliar nuestro mundo, es más fácil de entender.

La sensación o la creencia de ser incapaz de valerse por uno mismo, la necesidad de la presencia constante del otro, impide cualquier aprendizaje que no sea reforzar esta creencia.