Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


jueves, 19 de noviembre de 2015

Metáfora.- Las hormigas no saben nadar.

Hormigas
Luis, mi querido Luis… últimamente estaba muy triste… Se estaba hundiendo en su baño de realidad. Ya pasaba de los 50 años, toda su vida había sido administrativo y un buen día la empresa en la que trabajaba echó cuentas y vio que por lo que le pagaba a él tendría dos o tres becarios a los que les costaría menos trabajar con las llamadas nuevas tecnologías, con independencia de si sabían o no el alcance de lo que hacían.

Subsistía con la indemnización que le dieron por despido, buscaba trabajo sin mucha esperanza. Veía la jubilación como una tabla de salvación, pese a que el Gobierno recomendaba que cada cual fuese buscando sus soluciones y que se hicieran planes de pensiones, ya que sabía que con las que el Estado iba a dar no llegaría para vivir.

Su pareja también tenía problemas y cuando le veía hundido se irritaba porque se daba cuenta de que no podía contar con él. No podían contar el uno con el otro.

Con los hijos nunca fue posible superar la barrera generacional.

Luis se aburría mucho, cada vez era menos activo; eso sí, paseaba, le gustaba hacerlo por el campo, iba solo, pues poco a poco se había ido auto marginando.

Un día, en uno de esos paseos vio un arbolito cuyo alcorque todavía estaba encharcado por las recientes lluvias y cayó en la cuenta de cómo una hormiga subía y bajaba por el tronco y por las ramas, y cuando llegaba al agua, otra vez para arriba; parecía una exploración alocada y sin sentido; “está tan atrapada como yo”, pensó. Perdió el interés y volvió a sus últimas reflexiones, esto es, a darse pena de sí mismo.

Allí sentado sobre aquella piedra, ensimismado, pasó el tiempo suficiente para que el alcorque, ayudado del sol que empezaba a calentar, absorbiese completamente el agua, y cuando volvió a mirar en busca de “su hormiga”, no la pudo encontrar, al parecer su hiperactiva compañera en cuanto la tierra se lo permitió cambió de aires sin el más mínimo comentario.

Sin quererlo volvió a la idea de “tan atrapada como yo” y de lo absurdo que le habían parecido sus idas y venidas, que acababan topando con el agua que evitaba, pues las hormigas no saben nadar. ¿Habría estado la hormiga buscando otras salidas?¿Sabría la hormiga que antes o después el charco se secaría?


Se sintió tan parado como la piedra sobre la que estaba sentado y comprendió que aunque no estaba para tantas carreras como la hormiga, tal vez podría ponerse en movimiento, aunque no tuviese muy claro hacia dónde, aunque topase con sus propias limitaciones.


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