Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


jueves, 28 de abril de 2016

Metáfora.- Antón en el Limbo

La creencia cristiana asigna cuatro destinos a las almas cuando abandonan el cuerpo. El Infierno es un destino de sufrimiento y condena sin revisión para aquellas almas que se portaron rematadamente mal en su tránsito terrestre. El Cielo debe ser el destino final, también sin revisión, para las que se portaron conforme a la moral cristiana. En el purgatorio se deben situar los que se quedaron a las puertas del Cielo por un “quítame allá esas pajas” y algo tienen que penar. Aquellos que no fueron ni malos ni buenos o no tuvieron la oportunidad de manifestarse, quedan en terreno de nadie, en lo que llaman Limbo, en una especie de ser sin ser, a la espera de no se sabe muy bien qué.

Allí era donde le gustaba situarse imaginariamente a nuestro amigo Antón, porque las cosas de las maldades las rechazaba y las bondades no se las creía, se sentía ajeno a todo lo que le rodeaba. No podía ser ni malo ni bueno, de modo que no sabía quién era.

Era muy sensible a las opiniones de los demás y a la vez muy crítico con ellas. Solo se atrevía a manifestarse si percibía que era sinceramente aceptado; su derecho a existir lo ponía en manos de los demás. Por otro lado se aburría y se quejaba de que la vida le resultaba insulsa.

Como el Limbo es un lugar de estancia revisable, cumplió el tiempo en que San Pedro, auxiliado de sus ángeles, hacía sus revisiones periódicas y llegaron al expediente de una presencia imaginaria; dándose cuenta de que no tenían datos para juzgar a Antón, ya que su estancia era neutra, sin datos ni a favor ni en contra.

Hubo un cónclave de santos y ángeles y llegaron a la conclusión de que para poder opinar sobre Antón necesitaban que él permitiese que su alma se manifestase, ya fuera en lo malo o en lo bueno con hechos juzgables, pues aunque podían leer su corazón y sabían que era bueno, necesitaban saber cómo manejaría su libre albedrío en las pruebas terrenales. Como Antón ya llevaba allí mucho tiempo, le pusieron un límite para que reaccionase so pena de reencarnación en otro cuerpo que le obligaría a comenzar de nuevo, tal vez con nuevos planteamientos.

Comenzar de nuevo y volverse a situar en el Limbo, ya no le serviría, le habían pillado.