Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


jueves, 28 de junio de 2018

Agorafobia y su tratamiento

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid




Más allá de los síntomas que se pueden especificar y que encontramos en los manuales de diagnóstico, me parece ver en el paciente el convencimiento de su incapacidad de hacerse cargo de sí mismo en determinadas circunstancias.

Sus miedos, pueden estar apoyados en sus vivencias o en su imaginación, y ser de largo recorrido, o sea, que han ido instalando de manera insidiosa a lo largo de muchos años de auto desconfianza. Al principio pudo sentirse sorprendido por una situación nueva, sentimientos y sensaciones desconocidas que tuvieron como resultado preocupaciones y dudas sobre sí mismo, que le fueron retirando de las cosas que hacía habitualmente.

Esas sensaciones desconocidas, después de descartar cualquier causa orgánica, suelen tratarse con ansiolíticos, lo que en el mejor de los casos deja larvado el problema, solo se  trata el síntoma.
El paciente necesita ser escuchado profundamente. En consulta, su primera sorpresa es que otro le escucha, y la segunda sorpresa es que puede hablar. Son demasiadas personas ya las que han opinado sobre lo que le pasa, y muy pocas le han escuchado.

Las imágenes son muy poderosas y esta es una de las suelo usar para explicar que es lo que va a ser la terapia: “Imagínate que estamos ante un problema que tiene forma de ovillo, un ovillo de lana de muchos colores, del que asoman  varias puntas. Lo que vamos a hacer es ir tirando de cada una de esas puntas. Las que vayan cediendo primero, y poco a poco, iremos aflojando el ovillo, unas cederán más y otras cederán menos. Hasta que al final tengamos todas las hebras sobre la mesa. Cuando tengamos las hebras ya veremos qué hacemos con ellas.”

Tenemos que tener una perspectiva. Lo importante no ha sido tanto deshacer el ovillo como ver qué es lo que podemos hacer con él, verlo en perspectiva y qué es lo que puede significar para nosotros.

Necesito saber cosas de mi paciente, pero lo más importante es el proceso que usa el paciente para darme esa información que él ya conoce. Cuando tiene que acceder a ella, el paciente reelabora la información y al reelaborarla se da cuenta de cosas que tal vez antes no había visto; lo hace para que yo lo entienda, pero al explicarse para mí también se explica para sí mismo. Estamos en la diada terapéutica. Suelo decir que cada vez que se saca una foto de la caja, la caja donde están las fotos del recuerdo, la vemos, la miramos y nos causa unas sensaciones y unos sentimientos, y cuando la volvemos a dejar, esa foto nunca va exactamente al mismo lugar de la caja donde había estado, nunca nos despierta siempre los mismos sentimientos, porque cada vez que la vemos entra en juego la subjetividad. Esta subjetividad hace que las cosas cambien.

Hace mucho que aprendí a dejarme llevar, sin perder consciencia de lo que pasa ni mi capacidad de elección. Esto me es muy útil para acompañar a los pacientes y señalarles caminos que pueden tomar no, según sus decisiones.

La cuestión es que vaya tomando confianza en sí mismo y se atreva a “ser”; aquí es donde mi trabajo encuentra su utilidad.

Por la desconfianza en sí mismo, el agorafóbico necesita atarse a muchos cabos, estos cabos son los mismos que le impiden moverse, y puede que incluso no pueda venir a consulta.
Si no puede desplazarse, la alternativa que nos queda es el teléfono. Yo no soy partidario de la videoconferencia, por su inseguridad y porque no siempre es accesible a todo el mundo y aunque la imagen puede dar información, resta atención al discurso.

Por contraste, además del mensaje trasmitido, en el teléfono se oyen los tonos, los cambios, la velocidad y el ritmo de la palabra; los silencios, su duración, la forma de romperlos; el estado de ánimo, la respiración, la fluidez y la riqueza del discurso. Hasta se pueden sentir los “insight”, y si se tienen dudas, pues siempre se puede preguntar.

Cuando le pido una sugerencia al paciente sobre algo que él cree que puede hacer, lo hago porque sé que todo ha de partir de él. Hay que saber dónde se atreve a situarse. Conviene que tome conciencia de sus posibilidades y que se comprometa con ellas. Él es la medida de todas sus cosas, y conforme avance, se irá empoderando…,  que de eso se trata.

De momento nada más. Un saludo. Muchas gracias.

jueves, 4 de enero de 2018

"Trucos" para la agorafobia

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid



Antes de nada, aclarar que cuando hay síntomas físicos, lo indicado es acudir al médico, y cuando este descarte etiologías orgánicas, es el momento de plantearse acudir al psicólogo o al psiquiatra porque lo más probable es que estemos ante un problema psicosomático.

Ante cualquier problema se demanda una solución inmediata, no importa que el problema tenga años de historia. Un joven recién salido de la adolescencia me preguntaba por el “truco” para ligar. Otro, no tan joven, quería no ponerse nervioso nunca y también pedía que le vendiera el “truco”. Trucos para la ansiedad, para dejar de fumar,… para todo lo imaginable. Pareciera que los trucos debieran ser las “pastillas” de los psicólogos.

Si conseguimos superar la frustración que suele producirse en la primera sesión por el choque entre las expectativas y las posibilidades, lo que puede ir surgiendo al hilo del desarrollo de la psicoterapia son sugerencias motivadas (“trucos”). Me explicaré mejor con ejemplos...

Dos trucos para el ataque de pánico:
En el ataque de pánico, los pacientes se aterrorizan porque en determinados momentos tienen la sensación de no poder respirar, de que les falta el aire, de que no pueden hinchar plenamente los pulmones. Esto se acompaña de un desequilibrio en los gases de respiración, demasiado CO2 y sensaciones que les alarman.

Tratan de solucionarlo forzando una respiración torácica, es decir, introducir aire en los pulmones a fuerza de mover las costillas, pero la ansiedad, los famosos “nervios”, deja la caja torácica como bloqueada, como que no se mueve o lo hace muy poco, dando la sensación de que no se puede respirar. Si se hiciese una respiración diafragmática, subiendo y bajando el estómago, no importaría si las costillas se mueven o no.

En la respiración intervienen en distinto grado, tanto un tipo de respiración como el otro. El caso es que pocas personas tienen conciencia de su respiración diafragmática, y en la angustia de la supuesta asfixia no es el momento para aprender, y menos acuciados por una taquicardia galopante.
El miedo puede bloquear y suspender toda actividad, incluso la de respirar, entrando de ese modo en un bucle, la sensación de falta de aire dispara el miedo y este el bloqueo.

La paradoja es que la causa por la que se requería más oxigeno para ejecutar no se sabe qué acción, queda oculta tras tanto síntoma.”¿Qué fue lo que me asusto?”

─“Truco” para la sensación de asfixia:
Respirar por la boca, despacio, y tomando pequeños “traguitos o chupitos de aire”, sin prisas, para sobrevivir e ir viendo que sigues respirando. Llegará el momento, cuando menos te lo esperes, esto es, cuando te relajes un poco, en el que verás como vuelves a tener la sensación de plenitud en los pulmones. No tengas prisa.

 Aquí hay que aprovechar para hacer ver que normalmente no respiramos “a pleno pulmón” y no nos preocupa porque confiamos en nuestros automatismos corporales, hasta que el miedo nos quita la confianza en nuestro cuerpo y pasamos a vigilarlo para no perdernos la más mínima pulsación, no vaya a ser que esa sea la última. Y a más vigilancia, más angustia, inevitable.

Otras veces lo que asusta es la sensación de mareo, de despersonalización...

Lo contrario del bloqueo respiratorio es la hiperventilación, las causas son similares a las del bloqueo respiratorio, situaciones temidas, rechazadas o la anticipación de las mismas. El miedo, antes bloqueaba (asfixia), ahora prepara al cuerpo para la acción, oxigenando más la sangre, aumentando la frecuencia respiratoria y la cardiaca.

Si el miedo no sigue su curso con una respuesta, ya sea correr, atacar u otra cualquiera,  la química de nuestro cuerpo queda alterada, hemos tomado demasiado oxígeno para nada, y nos sentimos mal. En la consulta es muy fácil de demostrar a los pacientes, les pido que hiperventilemos a dúo…, y nos mareamos. La conciencia de la situación para la que se estaba preparando nuestro cuerpo no aparece, pero sí la del mareo que se produce con una respiración alterada, excesiva; una hiperventilación.

Contrariamente a la situación anterior ahora el equilibrio se rompe por la abundancia de oxigeno.

─“Truco” para la sensación de mareo:
Respirar despacio, o respirar con la nariz y la boca dentro de una bolsa de papel, o respirar en el hueco de las manos sobre la nariz y la boca. Así introducimos menos oxigeno y nos vamos calmando.


Solución: Investigación de la idiosincrasia del paciente, descubrimiento y toma de conciencia de las verdaderas causas, aceptación, búsqueda de soluciones y práctica antes de las dificultades. Resumiendo, psicoterapia.