Reflexiones







Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...

Preguntas frecuentes (Agorafobia)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid

En este vídeo trato de aclarar algunas dudas sobre la terapia de la agorafobia y de animar a comenzar la terapia antes de que los miedos se extiendan demasiado.Enlace directo:https://youtu.be/QCPI8HSNjSw



Cuaderno de catástrofes (semi-metáfora)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid
enfrentarse al TOC
Luis estaba sufriendo mucho con su propio pensamiento, había sido diagnosticado de trastorno de ansiedad por hipocondría algo que no podía dejar de reconocer. No podía parar, se observaba continuamente… el pulso, el corazón, si tenía algún extrasístole, la tensión arterial, si veía borroso o veía claro. Leía sobre enfermedades, preguntaba en foros de internet y se notaba todos los síntomas asociados a cualquiera de ellas. Siempre con el miedo a morirse, siempre con el foco de su atención sobre sí mismo, preparado para ir a urgencias, donde ya era conocido. No le quedaba tiempo para otra cosa, salvo cuando realmente tenía que centrarse en una obligación como pudiera ser su trabajo. Su doloroso hobby era observarse.

Llegó al punto de tener problemas con la familia, pues no se relacionaba si no era con su tema. Su zona de confort era su sillón al lado del teléfono, preparado para marcar el número de urgencias. Estaba totalmente invadido de pensamientos catastrofistas respecto a sí mismo.

Era consciente de que la vida se le escapaba, pero no porque tuviese algún virus ni nada parecido, sino por sus eternos enfrentamientos a sus pensamientos. Trataba de razonar con ellos… que si “no sois realistas”, que si “no tenéis ninguna base solida”, que si “eso no le pasa a casi nadie”… pero contra todo argumento la catástrofe de turno le respondía “y si…” y Luis volvía a contra argumentar en un dialogo mental interminable, unas veces acompañado de sensaciones físicas y otras no. Sus esfuerzos por reasegurar su vida se iban al traste con un simple “y si…” Trataba de tomar distancia, de relativizar, pero nada. Se estaba derrumbando, se agotaba, estaba harto de tener miedo, ya había pasado por la etapa de darse pena y aunque todavía luchaba contra sus pensamientos ya solo esperaba que de una vez por todas tuviesen razón y llegara el zarpazo final, algo que casi agradecería para dejar de sufrir.

Alguien le sugirió que escribiese sus pensamientos en “un cuaderno”, porque el papel tiene la magia de sujetar los pensamientos y quitarles la voz para poder mirarlos una y otra vez con una cierta distancia.

—Le decía: No es como cuando están en la cabeza que enseguida cambian y no dejan de argumentar y de tratar de convencerte mareándote, no, el papel los atrapa y los congela con la tinta, de modo que puedes leerlos todas las veces que quieras, además un pensamiento para llegar al papel recorre circuitos neuronales distintos de los que usa para alarmar, usa menos la emoción y más la lógica. Escribir es más lento que hablar o pensar, lo que hace que un pensamiento para pasar al papel se ha de ralentizar. El cuaderno es como una cárcel para esos pensamientos recurrentes.

Úsalo diez minutos al día todos los días a la misma hora.

Una vez que hayas puesto allí los pensamientos, cuando traten de volver a llamar tu atención les puedes decir: “vuelve mañana a los diez minutos de cuaderno, hasta entonces no te atenderé”, y así le dejas bien claro que sí, que le vas a atender, pero bajo tus condiciones y cuando tú quieras, no cuando él quiera, pues tú tienes más cosas que hacer en la vida que estar atendiendo pensamientos narcisistas que solo quieren acaparar tu atención.

Poco a poco los pensamientos alarmosos se aburrieron y dejaron de llamar a su cabeza, creo que se extinguieron, y aunque siempre nacería alguno nuevo, ya sabía como tratarlos. Empezó a usar su don de la minuciosidad, su capacidad de atención para cosas más agradables como hacer maquetas, inventar máquinas maravillosas, y otras cosas.

Había conseguido ser dueño de su pensamiento.


Estrés y ansiedad

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid

Un nuevo post, o video sobre eso que tanto nos afecta, el estrés que acaba generándonos ansiedad...
https://youtu.be/2EyZWRD54g4 (enlace directo)





La batalla del pasillo (metáfora)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid


Puertas a los problemas
Trini me contó un sueño que le tenía angustiada, hacía días que apenas dormía.

En el sueño, dentro de la que parecía su casa, se vio ante un largo pasillo con sendas puertas a izquierda y derecha, y como la curiosidad le picaba, no pudo por menos que ir abriendo las puertas e ir metiendo las narices tras aquellos cercos.

Para su sorpresa, tras la primera puerta vio, la cocina en la que trabajaba y sobre la que mandaba. Aquel desbarajuste realmente le irritaba, de modo que no dejaba de gritar a sus ayudantes, a los pinches, a los camareros y a todo el que se le acercaba. Sus nervios estaban a flor de piel, un ambiente eléctrico circulaba por toda la cocina; realmente era un milagro que los platos llegasen en buenas condiciones a los comensales. Cerró aquella puerta y sintió un cierto alivio al dejar los problemas al otro lado.

Ante la reciente experiencia, su curiosidad luchaba con su miedo. Venció la primera. Abrió la segunda puerta y allí estaba su familia. Claramente era un sueño porque su familia realmente estaba en Rumanía. Pudo ver a sus padres, ya ancianos, a los que no podía ayudar; los que echaba de menos. Su condición de emigrante le llenaba de tristeza y de una cierta rebeldía ante su situación. Se reprochaba el estar tan lejos de ellos.

La tercera puerta le miraba desafiante… Al abrirla vio a su marido que hacía su vida; cada vez le sentía más lejano, sumido en sus cosas y en sus rutinas, sin un verdadero interés en los problemas que ella pudiera tener. Quien  esperaba que fuese su compañero, su apoyo…, se aburría con ella.

Más enfadada que otra cosa, se dirigió a una cuarta puerta que abrió con cierta violencia. Asustó a su queridísima hija que estaba allí jugando con sus muñecas. Al verla, sonrió, era la alegría de su vida, la que realmente le ayudaba a soportar los sinsabores de su día a día. La felicidad fluía entre madre e hija.

De repente, una corriente de aire abrió todas las puertas y se desataron las iras de todas las furias. Discutían entre ellas, culinarias, rumanas, conyugales, y otras que no habiendo sido invitadas, aparecieron por sorpresa, como las de algunas amistades querulantes. Todo esto alcanzó e inundó los ánimos de Trini, que sin darse cuenta de dónde estaba, participó con todo su poder en la batalla del pasillo, gritando a voz en cuello, con el rostro amoratado y desencajado. Benicia, su hija, asustada rompió a llorar llamando a su madre. Trini, en el fragor de la batalla, se giró bruscamente, y sin mirar el tamaño de su repentino enemigo le escupió un destructivo: “¡Cállate!”

Ante tan desproporcionado ataque, Benicia, paralizada, sustituyó el ruido de su llanto por un incontrolable hipeo: hip, hip, hip…

Al ver a su hija en semejante estado, Trini se aterrorizó de sí misma.

— ¿Cómo he podido maltratar a mi niña ?—, se preguntaba. Consiguió calmarla y restablecer la paz entre ellas, pero no dejó de preguntarse, si no se estaría volviendo loca al haber atacado a su hija de ese modo.

Solo fue un sueño; un sueño angustioso que le quitó la paz durante muchos días.

Poco a poco fue viendo el conjunto de su vida y el significado que aquel sueño podía tener para ella… Se habían escapado los problemas de todas las habitaciones, y discutían los unos con los otros….Trini, era el único punto en común de todos ellos, y se puso a discutir con todos a la vez…, agrediendo sin querer a quien más quería. Estaba claro que no tenía fuerzas para hacer frente a tantas puertas gritonas.

Se daría un tiempo y trataría de arreglar aquellos desaguisados de uno en uno, pues como cocinera que era, sabía que había buenas y malas mezclas.

Lo mejor sería ir puerta por puerta.



Creencias y consciencias

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid


Psicología e Hipnosis en Madrid
Lo más frecuente es encontrar al paciente “agarrado a un diagnóstico”, recibido o autogenerado, porque al darle nombre a lo que le pasa siente un alivio, ya que no le pasa solo a él, y eso le da una esperanza de que haya una solución. Viene cargado de creencias, con la subjetividad a flor de piel.

Las creencias se forman en el seno de la familia y van saltando de grupo en grupo hasta extenderse por toda la sociedad. Son muy poderosas; se puede enfermar por creencia y creo que el vudú puede ser un buen ejemplo, y también creo que se puede sanar por creencia como la Fe en la Virgen de Lourdes.

Hipócrates, basándose en la observación dijo, entre otras muchas cosas:
- “Es mucho más importante saber qué persona tiene la enfermedad que qué enfermedad tiene la persona”.
 - “Sólo existen dos cosas: ciencia y opinión. La primera engendra el conocimiento; la segunda, la ignorancia”.

Solo conociendo a la persona, sus opiniones, sus creencias, el cómo se posiciona en su mundo, podemos acercarnos a la enfermedad.

En cuanto a lo segundo, cualquiera puede constatar que la opinión requiere menos esfuerzo que el saber científico. Sucede que la opinión de muchos puede llegar a ser la guía de  nuestra forma de vivir “creemos en lo que sabemos porque sabemos en lo que creemos”, con la Fe del carbonero. Somos seres sociales, es nuestra condición…

Galeno puso en relación el cuerpo con las facultades anímicas o sentimientos, anticipando la psicosomática.

Desde entonces la interacción mente cuerpo fue apartada poco a poco como objeto de estudio de la medicina. El cuerpo quedó bajo el dominio de la medicina, y el alma fue pasando de los sacerdotes a los filósofos, y una vez convertida en afectos capaces de trasformar el funcionamiento corporal, se reparte entre psicólogos, psiquiatras y nuevas familias que reclaman su parte del trabajo.

Hoy se considera la interacción entre lo biológico, lo psicológico y lo social, esto es, lo biopsicosocial como explicativo de la salud ser humano, aunque a mi modo de entender falta un elemento clave, un cuarto eje para que la persona se empodere de su salud, y es la CONSCIENCIA de sí mismo en relación a su entorno, a su proceso vital, a sus formas de enfermar y como lo conjuga con sus creencias y sus actitudes.

Nos preguntamos:
¿Cómo es posible que algo de lo que no soy consciente haga que me maree?
¿Por qué llego a paralizarme ante la idea de salir a la calle?
¿Por qué tengo miedo a pedir lo que es mío?
¿Por qué no puedo hablar en público?
¿Por qué tengo que controlarlo todo?
¿Por qué me angustia todo?

La consciencia es algo que surge de dentro de uno mismo, puede ser un insight, un repentino ver dentro de mí, como: ¡Ah, entiendo! O poco a poco relacionando unos datos con otros. Por ejemplo, por más que me digan que NO todas las ranas son verdes, no daré importancia al detalle hasta que eso sea significativo para mí. Conozco a una persona que hasta que no le diagnosticaron una diabetes, “no se dio cuenta”, hasta que le fue significativo, de que mediante el ejercicio tenía el control de su salud en sus manos. Necesitó un problema para descubrir lo obvio, para prestar atención y desarrollar su consciencia en esa área.

Cuando vas al psicólogo (o psicóloga) después de que los médicos hayan descartado toda causa orgánica, aunque no lo sepas, lo que estás haciendo de algún modo es pedir ayuda para entender o hacer algo con lo que te pasa, para incrementar tu nivel de consciencia, aunque al principio es una petición inconsciente. Te sientes mal y quieres cambiarlo. Lo normal es que tengas prisas por mejorar. Hay procesos de enfermar que se gestan durante años, su solución puede ser sencilla, pero también puede que requieran tiempo para deshacerse. Se espera que el tiempo de duración de la terapia no sea el mismo que el de la historia de la dolencia, que sea notablemente más corto. Cuanto antes se empiece mejor.

Cuando permitimos que el terapeuta “nos vea” a través de su mirada podemos vernos y entendernos mejor. El psicoterapeuta está entrenado para ver, sentir y poner ante nuestra mirada aquello que tal vez ha estado mucho tiempo oculto generando mal estar. No es un gurú ni un mago ni un chamán, no es una persona que ayuda gratis, como me dijeron no hace mucho; es un profesional que vive de su trabajo, como tú del suyo. No es un trabajo de carpintería (noble arte), es un trabajo con una dimensión humana fundamental que precisa empatía y confianza, además del conocimiento de los procesos humanos y formas de llegar a lo individual, a lo que te ocurre a ti y solo a ti, por mucho que se parezca a lo que les ocurre a otros.

El pescador (metáfora)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid

metáfora sobre el duelo
Hace mucho mucho tiempo, vivía Efrén con su mujer Noemí y sus dos hijos en la casa de su padre Uriel, una humilde casita de pescadores en los arrabales de Cafarnaúm junto al lago Tiberíades de Israel.

Vivía la familia de la pesca de Uriel y su hijo, como la mayoría de sus vecinos. Pescaban por las noches, atrayendo los peces a la luz de las teas embreadas.

Aquella noche soplaba una suave brisa sobre el agua que empujaba la vela lago adentro; nada presagiaba lo que ocurrió después, y es que inesperadamente el viento arreció, la luna quedó oculta tras las nubes y empezó a descargar una terrible tormenta. Las teas se apagaron, las aguas se encresparon. Efrén iba al timón y Uriel fue a recoger la vela para no zozobrar. Apenas se veía a dos brazos de distancia. Aquello fue intenso, pero breve, poco a poco las aguas se fueron calmando.

Uriel no veía a su padre, comenzó a buscarle por el suelo de la barca que no era grande. Su alarma y desesperación se dispararon. Miró al agua, le llamó, grito... Solo le acompañaban el movimiento de la barca y el golpear de la vela recogida contra el mástil. No pudo encender las teas, todo estaba empapado. Esperó al amanecer con la esperanza de que estuviese cerca agarrado a alguna de las cajas que cayeron por la borda. No vio nada.

Extendió la vela para volver a puerto con la esperanza de hallarle allí.

Encontró a su familia y a sus vecinos preocupados. No podía creer que su padre no estuviese allí.

Tras el shock inicial empezó a rumiar ideas acerca de lo que había pasado, culpaba a su padre de no haberse atado a la barca, de no haber tenido cuidado, se culpaba a sí mismo de haberle dejado hacer la peligrosa tarea de arriar la vela en esas circunstancias, culpó a Yavé de haberles mandado semejante tormenta sin motivo, pues ellos de puro humilde no podían haber hecho mal a nadie ni queriendo. Sintió ira y rabia por todo lo ocurrido.

Deseaba que su padre apareciese vivo, para ello estaba dispuesto a lo que fuese, a dar su vida a cambio, rezaba, negociaba con Yavé su comportamiento futuro a cambio de la vida de su padre, porque no solo era su padre, era su maestro, su guía, su consejo. Hasta ahora no se había dado cuenta de todo lo que era su padre.

A los dos días unos vecinos vieron el cuerpo de Uriel flotando cerca de la costa.

Efrén lloró todo aquel día, y después entró en un estado de estupor con la mirada perdida sobre las aguas. Estuvo así mucho tiempo, con una profunda tristeza que apenas le permitía respirar, no comía, apenas se movía, más que dormir, se ausentaba mentalmente, la cercanía de su mujer y de sus hijos que antes le alegraba ahora le dejaban indiferente.

Empezaron a vivir de la caridad de los vecinos, pues Efrén no salía a pescar.

Los vecinos pasaron de tener compasión a sentirse molestos y después enfadados, pues no entendían como seguía así mientras ellos alimentaban a su familia. Poco a poco se fueron alejando…

Efrén, desde el rincón en el que estaba agazapado, vio a su mujer y a sus hijos llorando abrazados entorno al fuego de la cocina vacía, y supo que su padre nunca hubiera permitido que él pasase hambre pese a lo pobres que eran.

A la noche cargó la barca con la red y las teas, saldría solo, lo haría como le había enseñado su padre, como no tardando mucho podría él enseñar a su hijo mayor. Sabía que su familia le esperaba.