Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


El pescador (metáfora)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid

metáfora sobre el duelo
Hace mucho mucho tiempo, vivía Efrén con su mujer Noemí y sus dos hijos en la casa de su padre Uriel, una humilde casita de pescadores en los arrabales de Cafarnaúm junto al lago Tiberíades de Israel.

Vivía la familia de la pesca de Uriel y su hijo, como la mayoría de sus vecinos. Pescaban por las noches, atrayendo los peces a la luz de las teas embreadas.

Aquella noche soplaba una suave brisa sobre el agua que empujaba la vela lago adentro; nada presagiaba lo que ocurrió después, y es que inesperadamente el viento arreció, la luna quedó oculta tras las nubes y empezó a descargar una terrible tormenta. Las teas se apagaron, las aguas se encresparon. Efrén iba al timón y Uriel fue a recoger la vela para no zozobrar. Apenas se veía a dos brazos de distancia. Aquello fue intenso, pero breve, poco a poco las aguas se fueron calmando.

Uriel no veía a su padre, comenzó a buscarle por el suelo de la barca que no era grande. Su alarma y desesperación se dispararon. Miró al agua, le llamó, grito... Solo le acompañaban el movimiento de la barca y el golpear de la vela recogida contra el mástil. No pudo encender las teas, todo estaba empapado. Esperó al amanecer con la esperanza de que estuviese cerca agarrado a alguna de las cajas que cayeron por la borda. No vio nada.

Extendió la vela para volver a puerto con la esperanza de hallarle allí.

Encontró a su familia y a sus vecinos preocupados. No podía creer que su padre no estuviese allí.

Tras el shock inicial empezó a rumiar ideas acerca de lo que había pasado, culpaba a su padre de no haberse atado a la barca, de no haber tenido cuidado, se culpaba a sí mismo de haberle dejado hacer la peligrosa tarea de arriar la vela en esas circunstancias, culpó a Yavé de haberles mandado semejante tormenta sin motivo, pues ellos de puro humilde no podían haber hecho mal a nadie ni queriendo. Sintió ira y rabia por todo lo ocurrido.

Deseaba que su padre apareciese vivo, para ello estaba dispuesto a lo que fuese, a dar su vida a cambio, rezaba, negociaba con Yavé su comportamiento futuro a cambio de la vida de su padre, porque no solo era su padre, era su maestro, su guía, su consejo. Hasta ahora no se había dado cuenta de todo lo que era su padre.

A los dos días unos vecinos vieron el cuerpo de Uriel flotando cerca de la costa.

Efrén lloró todo aquel día, y después entró en un estado de estupor con la mirada perdida sobre las aguas. Estuvo así mucho tiempo, con una profunda tristeza que apenas le permitía respirar, no comía, apenas se movía, más que dormir, se ausentaba mentalmente, la cercanía de su mujer y de sus hijos que antes le alegraba ahora le dejaban indiferente.

Empezaron a vivir de la caridad de los vecinos, pues Efrén no salía a pescar.

Los vecinos pasaron de tener compasión a sentirse molestos y después enfadados, pues no entendían como seguía así mientras ellos alimentaban a su familia. Poco a poco se fueron alejando…

Efrén, desde el rincón en el que estaba agazapado, vio a su mujer y a sus hijos llorando abrazados entorno al fuego de la cocina vacía, y supo que su padre nunca hubiera permitido que él pasase hambre pese a lo pobres que eran.

A la noche cargó la barca con la red y las teas, saldría solo, lo haría como le había enseñado su padre, como no tardando mucho podría él enseñar a su hijo mayor. Sabía que su familia le esperaba.

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