Reflexiones







Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...

Estrés y ansiedad

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid

Un nuevo post, o video sobre eso que tanto nos afecta, el estrés que acaba generándonos ansiedad...
https://youtu.be/2EyZWRD54g4 (enlace directo)





La batalla del pasillo (metáfora)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid


Puertas a los problemas
Trini me contó un sueño que le tenía angustiada, hacía días que apenas dormía.

En el sueño, dentro de la que parecía su casa, se vio ante un largo pasillo con sendas puertas a izquierda y derecha, y como la curiosidad le picaba, no pudo por menos que ir abriendo las puertas e ir metiendo las narices tras aquellos cercos.

Para su sorpresa, tras la primera puerta vio, la cocina en la que trabajaba y sobre la que mandaba. Aquel desbarajuste realmente le irritaba, de modo que no dejaba de gritar a sus ayudantes, a los pinches, a los camareros y a todo el que se le acercaba. Sus nervios estaban a flor de piel, un ambiente eléctrico circulaba por toda la cocina; realmente era un milagro que los platos llegasen en buenas condiciones a los comensales. Cerró aquella puerta y sintió un cierto alivio al dejar los problemas al otro lado.

Ante la reciente experiencia, su curiosidad luchaba con su miedo. Venció la primera. Abrió la segunda puerta y allí estaba su familia. Claramente era un sueño porque su familia realmente estaba en Rumanía. Pudo ver a sus padres, ya ancianos, a los que no podía ayudar; los que echaba de menos. Su condición de emigrante le llenaba de tristeza y de una cierta rebeldía ante su situación. Se reprochaba el estar tan lejos de ellos.

La tercera puerta le miraba desafiante… Al abrirla vio a su marido que hacía su vida; cada vez le sentía más lejano, sumido en sus cosas y en sus rutinas, sin un verdadero interés en los problemas que ella pudiera tener. Quien  esperaba que fuese su compañero, su apoyo…, se aburría con ella.

Más enfadada que otra cosa, se dirigió a una cuarta puerta que abrió con cierta violencia. Asustó a su queridísima hija que estaba allí jugando con sus muñecas. Al verla, sonrió, era la alegría de su vida, la que realmente le ayudaba a soportar los sinsabores de su día a día. La felicidad fluía entre madre e hija.

De repente, una corriente de aire abrió todas las puertas y se desataron las iras de todas las furias. Discutían entre ellas, culinarias, rumanas, conyugales, y otras que no habiendo sido invitadas, aparecieron por sorpresa, como las de algunas amistades querulantes. Todo esto alcanzó e inundó los ánimos de Trini, que sin darse cuenta de dónde estaba, participó con todo su poder en la batalla del pasillo, gritando a voz en cuello, con el rostro amoratado y desencajado. Benicia, su hija, asustada rompió a llorar llamando a su madre. Trini, en el fragor de la batalla, se giró bruscamente, y sin mirar el tamaño de su repentino enemigo le escupió un destructivo: “¡Cállate!”

Ante tan desproporcionado ataque, Benicia, paralizada, sustituyó el ruido de su llanto por un incontrolable hipeo: hip, hip, hip…

Al ver a su hija en semejante estado, Trini se aterrorizó de sí misma.

— ¿Cómo he podido maltratar a mi niña ?—, se preguntaba. Consiguió calmarla y restablecer la paz entre ellas, pero no dejó de preguntarse, si no se estaría volviendo loca al haber atacado a su hija de ese modo.

Solo fue un sueño; un sueño angustioso que le quitó la paz durante muchos días.

Poco a poco fue viendo el conjunto de su vida y el significado que aquel sueño podía tener para ella… Se habían escapado los problemas de todas las habitaciones, y discutían los unos con los otros….Trini, era el único punto en común de todos ellos, y se puso a discutir con todos a la vez…, agrediendo sin querer a quien más quería. Estaba claro que no tenía fuerzas para hacer frente a tantas puertas gritonas.

Se daría un tiempo y trataría de arreglar aquellos desaguisados de uno en uno, pues como cocinera que era, sabía que había buenas y malas mezclas.

Lo mejor sería ir puerta por puerta.