Reflexiones







Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...

Cuaderno de catástrofes (semi-metáfora)

Ψ Psicología e Hipnosis en Madrid
enfrentarse al TOC
Luis estaba sufriendo mucho con su propio pensamiento, había sido diagnosticado de trastorno de ansiedad por hipocondría algo que no podía dejar de reconocer. No podía parar, se observaba continuamente… el pulso, el corazón, si tenía algún extrasístole, la tensión arterial, si veía borroso o veía claro. Leía sobre enfermedades, preguntaba en foros de internet y se notaba todos los síntomas asociados a cualquiera de ellas. Siempre con el miedo a morirse, siempre con el foco de su atención sobre sí mismo, preparado para ir a urgencias, donde ya era conocido. No le quedaba tiempo para otra cosa, salvo cuando realmente tenía que centrarse en una obligación como pudiera ser su trabajo. Su doloroso hobby era observarse.

Llegó al punto de tener problemas con la familia, pues no se relacionaba si no era con su tema. Su zona de confort era su sillón al lado del teléfono, preparado para marcar el número de urgencias. Estaba totalmente invadido de pensamientos catastrofistas respecto a sí mismo.

Era consciente de que la vida se le escapaba, pero no porque tuviese algún virus ni nada parecido, sino por sus eternos enfrentamientos a sus pensamientos. Trataba de razonar con ellos… que si “no sois realistas”, que si “no tenéis ninguna base solida”, que si “eso no le pasa a casi nadie”… pero contra todo argumento la catástrofe de turno le respondía “y si…” y Luis volvía a contra argumentar en un dialogo mental interminable, unas veces acompañado de sensaciones físicas y otras no. Sus esfuerzos por reasegurar su vida se iban al traste con un simple “y si…” Trataba de tomar distancia, de relativizar, pero nada. Se estaba derrumbando, se agotaba, estaba harto de tener miedo, ya había pasado por la etapa de darse pena y aunque todavía luchaba contra sus pensamientos ya solo esperaba que de una vez por todas tuviesen razón y llegara el zarpazo final, algo que casi agradecería para dejar de sufrir.

Alguien le sugirió que escribiese sus pensamientos en “un cuaderno”, porque el papel tiene la magia de sujetar los pensamientos y quitarles la voz para poder mirarlos una y otra vez con una cierta distancia.

—Le decía: No es como cuando están en la cabeza que enseguida cambian y no dejan de argumentar y de tratar de convencerte mareándote, no, el papel los atrapa y los congela con la tinta, de modo que puedes leerlos todas las veces que quieras, además un pensamiento para llegar al papel recorre circuitos neuronales distintos de los que usa para alarmar, usa menos la emoción y más la lógica. Escribir es más lento que hablar o pensar, lo que hace que un pensamiento para pasar al papel se ha de ralentizar. El cuaderno es como una cárcel para esos pensamientos recurrentes.

Úsalo diez minutos al día todos los días a la misma hora.

Una vez que hayas puesto allí los pensamientos, cuando traten de volver a llamar tu atención les puedes decir: “vuelve mañana a los diez minutos de cuaderno, hasta entonces no te atenderé”, y así le dejas bien claro que sí, que le vas a atender, pero bajo tus condiciones y cuando tú quieras, no cuando él quiera, pues tú tienes más cosas que hacer en la vida que estar atendiendo pensamientos narcisistas que solo quieren acaparar tu atención.

Poco a poco los pensamientos alarmosos se aburrieron y dejaron de llamar a su cabeza, creo que se extinguieron, y aunque siempre nacería alguno nuevo, ya sabía como tratarlos. Empezó a usar su don de la minuciosidad, su capacidad de atención para cosas más agradables como hacer maquetas, inventar máquinas maravillosas, y otras cosas.

Había conseguido ser dueño de su pensamiento.


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